
América Latina es una región que, al mismo tiempo que registra bajos niveles de conflictividad interestatal, presenta una compleja agenda de seguridad en clave no militar, fuera de los cánones westfaliano y clausewitziano. Hoy las sociedades latinoamericanas se enfrentan a otras amenazas generadas por heterogéneos actores de naturaleza no estatal, que despliegan sus acciones en términos transnacionales y ejercen la violencia –en tanto elemento racional de política- asimétricamente. En este contexto, dentro de la agenda de seguridad latinoamericana, ocupa un lugar el crimen organizado, cuya gravedad es inversamente proporcional al conocimiento que existe sobre algunas de sus múltiples aristas.